Este espacio web contiene itinerarios diversos, desplegados desde las películas que componen la correspondencia audiovisual protagonizada por Adèle du Lac y Bruno Camino. Esta correspondencia forma el cuerpo central de una extensa producción, que incluye textos en forma de libro, series fotográficas y otros materiales que se despliegan en las distintas páginas de la sección A la deriva.
La prolongada epístola audiovisual de Adèle y Bruno escenifica un diálogo, que ante nuestros ojos adopta la forma de una película. Se trata de un diálogo donde el espacio y el tiempo de cada interlocutor se funden, en una simultaneidad
solo posible gracias a las nuevas técnicas narrativas fruto de la revolución digital y las comunicaciones vía Internet.
Ese efecto de voces simultáneas es posible debido a una nueva era en la cual la escritura, más allá del uso de la palabra, comienza a integrar de forma natural secuencias de imágenes en movimiento y de sonidos, además de poseer una capacidad casi ilimitada de establecer relaciones de interactividad gracias al hipertexto. Una escritura que comienza a ser muy familiar, sobre todo a las generaciones más jóvenes: es un tipo de lenguaje en el que de hecho han sido alfabetizados. De ese lenguaje surge una narrativa donde imágenes, sonidos y textos se entrelazan formando un todo inscrito en un nuevo tipo de página, fusión de la antigua página de libro y de las modernas pantallas de ordenador, herederas a su vez de las del cine y la televisión. Son esas nuevas páginas-pantalla las que la correspondencia de Bruno y Adèle toma como territorio de expresión para sus historias.
—¿Acaso alguna vez dejó la pantalla de cine de ser una página en blanco que se llena de signos? -Responde en una ocasión Adèle a su amiga Lidia, la madre de Bruno- Tu hijo y yo nos escribimos en la infinita página-pantalla del libro-cine del futuro.
En estas cartas propias del comienzo del siglo XXI —en realidad una sola carta escrita a cuatro manos—, Adèle du Lac y Bruno Camino intercambian su mirada y sus reflexiones sobre los temas más diversos. Algunos de esos temas proceden de la observación de la cotidianidad más inmediata. Otros se anclan en la memoria trágica del siglo XX, a la que la mirada de Adèle, ya en los años finales de su vida, insiste en asomarse una y otra vez. Para componer el resultado de esa mirada, además de usar material filmado por ella en el pasado, el relato de Adèle se reapropia de fragmentos de películas grabados en su memoria, así como de numeroso material de archivo de la más diversa procedencia acumulado a lo largo de su vida. Bruno emula en ocasiones ese método, aunque sus intervenciones suelen ser más reconocibles por el uso preferente que hace de sus propias fotografías y filmaciones más actuales. Bruno es un observador paciente —algo que también aprende de esa segunda madre que es para él Adèle—, y gusta en especial de filmar largos planos sobre los que luego discurre el diálogo con su amiga.
Otra buena parte de los temas que se convocan en Cartas de amor y de guerra procede de la pura crónica de los continuos viajes de Bruno alrededor del mundo y de las interacciones que surgen con los amigos que conoce en su deriva. Crónica del instante, pues Bruno vive siempre en sintonía con el presente, y sus relatos a Adèle son el fiel reflejo de su curiosidad por lo inmediato.
Esa inmediatez hace que el progreso de la crónica de viajes de Bruno alcance en ocasiones cierto grado de suspense, propio de los relatos de aventuras. Así ocurre con la larga búsqueda del amigo perdido, Rick Crone, pesquisa con la que arranca la primera película de una serie. Si lo permiten las donaciones que los visitantes de esta web dejan caer en Donaciones, a esa entrega —Tras las huellas del amigo perdido—, debería seguir pronto La guerra contra los indios. En esa nueva entrega, Bruno inicia un largo viaje a través de Estados Unidos siguiendo pistas que le permitan resolver el misterio de la desaparición de su amigo.
Entre los numerosos temas que se entrelazan en los relatos plagados de digresiones de Adèle du Lac y Bruno Camino, los más recurrentes han dejado su huella en el título de la obra. Por una parte, el amor, abordado a través de la crónica de la biografía afectiva de algunos de los amigos de Bruno y Adèle. En ese retrato en grupo que cubre varias generaciones diferentes en países diversos, destaca la necesidad que late en muchos de sus protagonistas de creer en un amor libre. Es decir, liberado de sentido de la posesión y, por tanto, siempre en una implícita disposición a ser compartido con más de una persona al tiempo. Un deseo por un amor libre que se contradice en ocasiones con una realidad de intensos amores pasionales condenados a no durar, una y otra vez interrumpidos, cuando no transformados en hirientes desamores. En ese sentido, un caso extremo son las encadenadas desdichas amorosas del protagonista principal de las dos primeras entregas, el desaparecido Rick Crone.
Adèle du Lac transmite pronto a su joven amigo Rick Crone su pasión por el mundo de los esquimales. De niño, le lleva al cine a ver la película Nanook, el esquimal, de Robert Flaherty. A Rick le deslumbra. Le llama la atención en especial la naturalidad con que Nanook convive con sus dos compañeras en el mismo lecho.
(Activar sonido del ordenador y hacer click en la imagen para ver fragmento. Duración: 5:53 minutos.)
El tema de la guerra aparece con su mayor crudeza en los relatos que llegan de Adèle du Lac. Activa militante pacifista desde su juventud, en los años de su vejez Adèle rememora la cultura de la violencia en el siglo XX, cuya extrema crueldad y sus atrocidades delirantes se inscriben también con brutalidad en la historia de su familia y la de muchos amigos muy cercanos. Consciente de la necesidad de dar testimonio a un todavía joven Bruno sobre la estupidez contemporánea de los hombres, Adèle, ya septuagenaria, sitúa a su amigo con insistencia frente a la caverna de los horrores de un siglo al que ella aún mira con espanto. Un espanto creciente ante lo que para Adèle es la reproducción de los mismos mecanismos de la barbarie que el nuevo siglo ya exhibe sin pudor.
Durante su estancia en el apartamento de Rick en Brooklyn en Febrero de 2002, Bruno encuentra entre sus papeles este mapa de Estados Unidos. El mapa marca en negro las zonas del cielo estadounidense por las que cruzaron dos o más nubes radioactivas procedentes de los ensayos atómicos realizados en el desierto de Nevada. (Haga click en la imagen para ver una secuencia de imágenes relativas a este tema.)